Botín es todo lo que queda por encima del tobillo y por debajo de la pantorrilla. Dentro de esa definición caben cosas muy distintas, y la caña —su altura, su rigidez, su cierre— determina casi todo lo demás.
Las familias
Dónde se juega la comodidad
En tres sitios. El primero, la altura y la rigidez de la caña: si el borde superior cae justo sobre el maléolo, rozará siempre. El segundo, el contrafuerte de talón, que en un botín trabaja más que en cualquier otro zapato. El tercero, el enfranque, la zona entre talón y planta: si colapsa, el pie se desalinea y el desgaste de la suela se vuelve asimétrico en un par de meses.
Forro y temporada
Un botín forrado en piel sirve para casi todo el año. Uno con borreguillo es de invierno y punto: usarlo en octubre a quince grados garantiza pie húmedo, que es la causa real de la mayoría de problemas atribuidos al frío. Conviene mirar el forro antes que el aspecto exterior.
En la categoría de botines de mujer se pueden filtrar por altura de tacón y por marca, que en botines es una pista razonable sobre el tipo de horma.
Mantenimiento
Es el calzado que más agua recibe. La unión entre corte y piso importa más que el material exterior: un buen cuero mal sellado cala igual. Después de la lluvia, secado lento con papel y sin calor —lo mismo que dice la guía de cuidado—, y revisión de la costura perimetral al final de cada invierno.
Las cremalleras se cambian enteras y cuesta poco. Casi nadie lo sabe y se retiran botines perfectos por eso.