Es el calzado que más horas se usa al año y el que se elige con menos criterio, normalmente en diciembre y como regalo. Un cálculo rápido: quien pasa cinco horas diarias en casa lleva zapatilla más tiempo que zapatos de calle.
Lo que se pide a una zapatilla
Que sujete, que aísle del suelo frío, que no resbale y que se pueda lavar o al menos ventilar. Suena obvio y la mayoría de las que se venden fallan en dos de las cuatro cosas: no sujetan nada y resbalan sobre baldosa.
Abierta o cerrada
La abierta de talón es fresca y fácil, y obliga a agarrar con los dedos al caminar, lo que a la larga cansa. La cerrada sujeta mejor y da más calor. La de talón trasero blando —tipo babucha con refuerzo— es el término medio razonable, sobre todo para gente mayor o para quien tenga escaleras en casa.
La suela, que es lo importante
Una suela de goma con dibujo agarra sobre gres, parqué y mármol. Una de fieltro o de EVA lisa, no. En hogares con personas mayores esta no es una cuestión de comodidad sino de seguridad: la caída doméstica más frecuente ocurre sobre suelo duro y con calzado sin agarre.
Conviene mirarlo antes que el forro, aunque el forro sea lo que se anuncia. Las secciones de zapatillas de casa de mujer y de hombre separan las abiertas de las cerradas y las de invierno de las de entretiempo, que es la clasificación útil.
Qué mirar
- Suela de goma con relieve, no lisa
- Plantilla acolchada y, mejor, extraíble para poder airearla
- Costuras interiores planas, sin relieve en la zona del dedo pequeño
- Materiales lavables si va a usarse a diario
- Talla justa: una zapatilla grande es un tropiezo esperando
Vida útil
Menos de la que se les concede. Cuando la plantilla se ha hundido y la suela ha perdido dibujo, la zapatilla ha dejado de hacer su trabajo aunque siga entera. Un año de uso diario es una vida razonable; alargarla cinco es una costumbre extendida y no muy buena idea.